Escrito por Redacción de IberFácil Salud — Redacción
Revisado por Equipo de enfermería de IberFácil Salud — Enfermería colegiada · Profesionales colegiados en activo
Publicado el Última revisión: 4 min de lectura
Si has llegado hasta aquí buscando esto, lo primero: el miedo a las agujas es frecuente y no tiene nada de ridículo. Hay gente que lo lleva regular y gente a la que directamente le impide hacerse las pruebas que le piden.
No te vamos a decir que no se nota nada. Te vamos a contar qué ayuda.
Lo más útil: ¡DECIRLO!
Dilo al pedir la cita y vuelve a decirlo cuando llegue la enfermera. No es quedar mal: es información clínica útil.
Un profesional que sabe que le tienes miedo a la aguja trabaja distinto. Te explica lo que va haciendo, va sin prisa y está pendiente de cómo estás, no solo del tubo.
¡Si alguna vez te has mareado o desmayado, cuéntalo!
Esto es importante de verdad. Haberse mareado en una extracción anterior no es una anécdota: cambia cómo se prepara la visita, empezando por la postura en la que se hace.
Dilo antes, no después. Y si te empiezas a encontrar mal durante la extracción, avísalo en ese momento aunque te dé apuro. La enfermera está para eso.
COSAS QUE SUELEN AYUDAR
No mirar. Gira la cabeza hacia el otro lado desde el principio, no a mitad.
Estar sentado con respaldo o tumbado, según lo que te indique la enfermera.
Tener a alguien de confianza al lado, si te apetece.
Hablar de otra cosa. Suena tonto y funciona.
Llevar manga ancha, que se suba fácil, para que no haya que forcejear con la ropa.
Cada persona encuentra lo suyo. Lo que no ayuda es fingir que no pasa nada.
¿Por qué en casa suele llevarse mejor?
No es una frase de marketing, es bastante concreto:
No hay sala de espera, y la espera es donde el miedo crece.
No ves a otras personas pasando por lo mismo antes que tú.
Estás en tu sitio, con tus cosas y tu gente.
No hay una cola detrás metiendo prisa.
Si necesitas cinco minutos antes de empezar, los tienes.
¿Y si no dan con la vena a la primera?
Pasa. No significa que hayas hecho nada mal ni que quien te atiende no sepa: hay venas difíciles, y el frío, los nervios o una extracción reciente en el mismo brazo lo complican.
Se puede probar en el otro brazo. Y puedes pedir que se pare. Ninguna de las dos cosas es montar una escena: son opciones normales que se usan a diario.
¿Cuánto dura en realidad?
El pinchazo en sí es lo más corto de toda la visita. Lo que ocupa tiempo es lo de antes y lo de después: identificar, preparar el material, etiquetar los tubos y recoger.
Saberlo ayuda más de lo que parece, porque buena parte del miedo consiste en imaginarse algo largo.
Si acompañas a alguien con miedo...
Lo que suele ayudar: estar, hablar de otra cosa y no convertirlo en un acontecimiento.
Lo que no ayuda: decirle que no es para tanto, contarle tu peor experiencia con una aguja o pedirle que no «monte un número». El miedo no se discute, se acompaña.
Lo que NO VAMOS A HACER:
No te vamos a presionar. Si llegado el momento no puedes, no puedes, y se para. No hay ningún objetivo que justifique hacerle pasar un mal rato serio a alguien en su propia casa.
¿Cuándo conviene hablarlo con tu médico?
Si el miedo a las agujas te ha llevado alguna vez a no hacerte una prueba que te habían pedido, o a ir retrasándola meses, eso sí merece que lo comentes con tu médico.
No es un tema menor y hay formas de abordarlo. Nosotros no somos quién para orientarte ahí: lo único que podemos hacer es que el día de la extracción sea lo más llevadero posible.